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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Fantasía-Ficción.

08/04/2006

El Consejo de Hierro

20060408123741-consejo-de-hierro-p.jpgLuchas entre golems y elementales de la naturaleza, magia cuchicheada a la oreja de las víctimas, humanos rehechos con implantaciones biológicas o mecánicas como cástigo, razas alienígenas conviviendo en un planeta parcialmente inexplorado dónde las torsiones dimensionals asolan ciertas zonas y dónde existe una ciudad-estado que acapara la tecnología punta: El vapor. Una combinación alucinante que sólo se puede dar en un lugar: La serie de Bas-lag, creada por un joven y genial activista de izquierdas inglés, China Miéville.

¡Uau! Qué presentación ¿verdad? Parece que sea su editor pero es simple envidia. La verdad es que admiro bastante a China Miéville. Es una persona que hasta dónde sé se implica en la vida política de su país pero también (y esto es lo que nos interesa) en sus novelas. Hace seis años revolucionó el mundo de la ciencia ficción y de la fantasía con La Estación de Calle Perdido, la primera novela ambientada en el mundo de Bas-lag. Su acogida fue enorme, como también lo fue la segunda novela (que no continuación), La Cicatriz. Y ahora nos llega El Consejo de Hierro.

En un primer momento hay que tener presente que esta ya es la tercera historia ambientada en este imposible pero ya entrañable mundo y que las dosis de sorpresa se reducen considerablemente, y más si tenemos en cuenta que se repite parcialmente el escenario de la
impredecible y cosmopolita ciudad de Nueva Crobuzón. El otro escenario es el territorio inexplorado de Bas-Lag. Aquí, igual que en La Cicatriz se echa de menos un mapa, pues la geografía del planeta no queda todavía nada clara y por mucho que se esfuerce el autor en describirla, es difícil de abarcar sin una buena representación gráfica.

Tras tener en cuenta estos puntos, podemos decir que la
novela sigue siendo muy interesante pero que el nivel baja respecto a sus predecesoras:

El problema
pricipal es la diversidad de ritmos en que se nos narra el argumento. Un flashback de más de 100 páginas introducido en medio de la novela que resulta ser una de las partes más importantes de esta (al menos al final) en contraposición con la línea argumental del presente que queda tajada y que avanza mucho más. Es un cambio muy drástico que afecta a demasiadas páginas. Pero el inglés continúa en racha con respecto a describir los capítulos de acción: Su ritmo vertiginoso y su natural calidad literaria nos transmiten como pocos el complejo sub-mundo y las infinitas posibilidades que tiene una ciudad como Nueva Crobuzon.

El otro punto que me
descoloca es el argumento: Por un banda Miéville ha creado al fin la novela que quería, la crítica social aplicable a su propio país (Reino Unido) durante la Revolución Industrial (los paralelismos y la ambientación Steam punk lo hacen evidente). Miéville inventa su propia revolución de izquierdas, juega con la idea, con los iconos, para llevarnos a una lucha social alternativa: la Guerra civil en la ciudad-estado de Nueva Crobuzon. Los burócratas conservadores de todas las razas contra el pueblo plano, obrero y miserable, también formado por todas las razas de Bas-Lag pero también por los rehechos, estos reos torturados y castigados con implantes horrorosos, que sólo sirven por convertirlos en parias y desesperados. (el mejor ejemplo, lo encontramos en esta novela). Es una lucha entre clases, entre las derechas poderosas y las izquierdas progresistas, bohemias, de artistas (el hecho que exista una brigada formada por trasvestidos y bailarinas nos da una idea de lo que propone el autor). Quizás no deja de ser una metáfora de la vida real del autor. Méville sabe que estas luchas son difíciles y que hace falta encontrar un símbolo, un icono. En este caso, El Consejo de Hierro.

Pero por otra parte existe otra guerra exterior, contra la ciudad-estado de
Tesh (dónde nunca queda claro en qué consiste ni como se acaba resolviendo) y aquí es dónde Miéville se dispersa, se descentra y desenfoca el centro de atención que era realmente la unión de las clases desfavorecidas de Nueva Crobuzon. Aquí es dónde la novela queda algo confusa y dónde creo que al autor se le ha escapado de las manos.

Miéville ha hecho la más fantástica de las tres novelas en esta entrega. Fantástica en contraposición a la ciencia ficción que se combinaba casi perfectamente en las otras novelas de la serie. El autor ha potenciado mucho más la taumaturgia, esta "ciencia" mágica existente en Bas-lag para incorporarla al argumento. También ha añadido elementos muy próximos como el caso del ferrocarril en un argumento que a veces nos parecerá realmente absurdo, pero aquí es dónde el talento de Miéville ataca y todo aquello que parecía imposible y desmesurado, acaba pareciéndonos natural y cotidiano.

 


Esta es la gran magia de Bas-Lag.
08/04/2006 12:37 Autor: elkraken-esp. ;?> No hay comentarios. Comentar.

24/08/2005

Caballeros de viriconium

caballeros_viriconium-p.jpgEn su día se habló mucho la new wave, aquella "nueva ola" que pretendía cambiar los estereotipos que hasta entonces reinaban en los argumentos y propuestas del género, sobre todo de la ciencia ficción. Estoy hablando de los años setenta, una década mágica, llena de cambios en diferentes medios, como los musicales, los literarios o los políticos.

Uno de los máximos exponentes de aquella época fue Robert Silverberg que forjó una sólida carrera literaria en aquellos finales de los sesenta y comienzos de los setenta, pero hasta ahora no había visto tan claramente estas ganas de "romper" estereotipos, de mezclar géneros y en definitiva de construir una literatura de género nueva y eficaz dejando atrás los argumentos de toda la vida como en La Ciudad Pastel, la principal novela de que se compone Caballeros de Viriconium.

M. John Harrison era un desconocido para mí y no me he lanzado a leer su obra hasta haber estudiado algunas críticas en los medios especializados. De una parte, su estilo directo me gusta: Es sencillo pero con sutilezas que rallan lo poético. Es demoledor como el mejor Sapkowski pero también tiene tiempo por ofrecernos instantes de reflexión en un trasfondo de denuncia sobre las tendencias devastadoras de la humanidad, el ecologismo y en definitiva por todo aquello que empezaba a preocupar a las mentes inquietas de los años setenta.

Y esto en parte es dado por el argumento: Nos encontramos con una Tierra miles de años en el futuro, dónde incontables civilizaciones han dejado su huella, las últimas con capacidades para llegar incluso a las estrellas… pero ahora nos hallamos en un periodo de decadencia, donde el feudalismo más conservador reina las tierras baldías que ha dejado la última de las civilizaciones, la última de las Culturas del atardecer. Aquí, en medio de este entorno, donde los personajes intentan aprovechar las últimas reliquias científicas que les restan, unas armas y enseres que no entienden y que no saben reproducir, se desarrolla una trama que recuerda a cualquier historia fantástica. En este punto quizás el autor no sabe escapar de un argumento a veces predecible, pero se sale muy bien mezclando la ciencia con los aires arcaicos de la fantasea épica más clásica.

Pero no nos engañamos, Caballeros de Viriconium no tiene prácticamente nada de fantástica, Nos encontramos con una historia de CF integrada en un argumento arquetípico de fantasía épica. Harrison también va un paso més allá con los personajes: Presenta una collección de veteranos que tiempos ha hicieron méritos pero que ahora se encuentran ya en una edad poco elegante para ir luchando por los caminos, como si se tratara de los Space Cowboys de Clint Eastwood (salvando las obvias distancias). Este toque nostálgico pero maduro ya supone una diferencia importante con respecto a otras obras de la misma época.

La novela La Ciudad pastel es autocunclusiva y está acompañada de tres cuentos ambientados en diferentes épocas de la historia de Viriconium (escritos 15 años más tarde). La verdad es que no aportan nada y son bastante prescindibles. Se nota el cambio de estilo del autor en estos años. Supongo que el editor ha creído conveniente incluirlos por dar una idea más global al mundo de Viriconium, (o para engrosar el número de páginas puesto que la novela en sí no es extensa), pero creo que en general restan aptitudes en vez de sumar.

En definitiva, si esta obra se un reclamo de la new wave de los setenta, viva la new wave! Y que vuelva pronto!… o quizás ahora se muestra bajo otro nombre?… quizás bajo el nombre de China Miéville?
24/08/2005 18:49 ;?> No hay comentarios. Comentar.

01/08/2005

Homúnculo

homunculo-p.jpgTengo que reconocer que el subgénero denominado Steampunk siempre me ha despertado mucho interés. Si encima, hallo ante mi una magnífica portada de Antoni Garcés (tengo debilidad por sus ilustraciones) el resultado es que compro la novela sin saber casi nada de lo que puedo encontrar dentro… grave error por mi parte porqué precisamente lo mejor de esta noevla es la portada de Garcés.

Como decía, siempre he tenido una fascinación por la corriente del Steampunk (Punk a vapor), un nombre que parodia el movimiento ciberpunk de los años 80 y 90. El Steampunk hace referencia a novelas, a ideas basadas en la época victoriana inglesa, a caballo entre el siglo XIX y el XX cuando la innovación tecnológica hacía milagros cada dos días y donde la exploración de la Tierra aún no estaba finalizada y por tanto abría las puertas a la imaginación y la fantasía. Hoy en día uno de los máximos exponentes de esta corriente (aunque con reservas) es China Miéville y su obra sobre Bas-Lag que no es el Londres sofocante post-industrial pero sí algo mucho peor…

Blaylock fue uno de los fundadores del Steampunk, juntamente con otros autores, amiguetes suyos, como era el conocido Tim Powers. De hecho Blaylock realiza un pequeño homenaje a su amigo Powers proporcionando su apellido a uno de los personajes de la novela, así como mencionando más de una vez al fictício poeta Ashbless que tanta importancia tendría en “Las Puertas de Anubis”. Pero Blaylock no es Powers y “Homúnculo” no es “Las Puertas de Anubis”, de hecho “Homúnculo” queda como una sucesión de hechos mal atados i de ideas curiosas que no desembocan en nada.

Para empezar, la novela está mal diseñada, con unos precedentes que no conocemos y que se nos explican mal durante el curso de la novela, con unos personajes sin rumbo que no saben por donde navegan ni que finalidades y motivaciones tienen en medio de una historia inconnexa y a veces ridícula, llena de zombies, extraterrestres minituarizados, naves espaciales de pacotilla y de un dirigible que vuela conducido por un muerto y que nadie sabe exáctamente para qué sirve (por no hablar de las cuatro cajas de madera que hacen volver loco al lector)

Realmente, pocas veces he leído una novela tan imaginativa pero con un argumeto tan poco claro. Al hecho de querer centrar la acción en muchos lugares a la vez (que no creo que sea malo) se suma que el autor da muchas cosas por sabidas y que marea al lector constantemente con situaciones poco lógicas que no aportan nada a la obra. Encima, algunos errores evidentes de traducción como el hecho de intercambiar nombres en ciertas escenas de acción, provocan aún más, esos momentos de confusión y desconcierto de los que hablaba.

A veces la acción está bastante desarrollada i merece la atención de un lector paciente que da oportunidades a Blaylock para que se explique, pero al siguiente capítulo vuelve a caer en la inercia y a los sinsentidos de que hablaba. La ambientación de la novela es correcta:Aquel Londres sucio y decayente de finales del sigle XIX, pero visto a través de los ojos de unos personajes sin carisma y sin rumbo, mal definidos y demasiado estereotipados queda en poco más que un escenario con cierta personalidad.

En general, pues, una novela que intenta captar la atención del lector con recursos más del fantástico que de la ciencia ficción, que pretender garantizar una continuidad pero que acaba siendo un desbarajuste de los grandes, con momentos curiosos pero mal desarrollada, que si no fuera por mi predisposición hacía el Steampunk, no dudaría de llamarla mala.
01/08/2005 19:41 ;?> No hay comentarios. Comentar.

11/05/2005

Rihla

rihla-p.jpgJuan Miguel Aguilera tiene la capacidad de soprendrerme a cada novela que leo de él. Cierto es que sólo me he leído dos, pero cada una ha representado todo un descubrimiento. Tuve el placer se escuchar a Juan Miguel Aguilera en las últimas jornadas literarias de Kosmopolis de Barcelona, justamente cuando debía acabar de sacar este libro al mercado (o si no estaba a punto de hacerlo), la lástima es que entonces aún no había leído nada de él, sólo visualizado su guión cinematográfico, Stranted; en el Festival de Cine Fantàstic de Sitges.

Rihla es una gran novela: Compleja, diseñada al detalle y narrada por un autor emergente que está demostrando que se puede combinar tranquilamente la novela histórica con la fantasía y la ciencia ficción. No son estos unos argumentos muy originales pues otros autores también se dirigen por esta línea, pero Aguilera muestra en sus obras aquella mezcla perfecta entre realidad y fantasía, entre historia y ficción que quedan al alcance de pocos. Nos encontramos pues delante del Tim Powers valenciano? Posiblemente. El trabajo de documentación en que se basa Rihla es extraordinario. El mismo autor explica -y nos transmite- su fascinación por la cultura precolombina del Yucatán a través de una obra madura, que aunque no lograr el nivel de su predecesora es sin duda una novela capital dentro el género de la fantasía histórica.

Rihla cuenta el viaje iniciático de Lisán Al-Aysar, un erudito árabe, nacido y criado en Al-Andalus a finales del siglo XV, justo cuando la presión cristiana sobre el reino de Granada se empieza a hacer insoportable. Rihla, de hecho significa "Viaje","Periplo" y no se me ocurren mejores palabras por explicar el argumento de la novela. En la primera mitad de esta l'autor recoge la mejor tradición salgariana para presentarnos un escenario exótico, meticulosamente descrito -la recreación del ambiente de Granada es fantástico- y lleno de aventuras que lleva al protagonista a embarcarse hacia un mundo nuevo al otro lado del mar, un territorio que aún no ha sido descubierto oficialmente por Europa.

Hay que tener claro que Lisán Al-Aysar es un erudito y que se mueve por la ciencia y el conocimiento, tal y como hacía Ramon Llull en La Locura de Dios. Este hecho repercute en la segunda mitad de la obra, dónde las aventuras exóticas se combinan con toques fantásticos y de Ciencia Ficción. El autor nos lleva a terrenos más complejos para explicar fenómenos y mitos como el de la Atlantida, la teoría de Gaia -muy presente durante toda la obra- , la mitología precolombina y hasta se atreve con referencias a Vlad el empalador conocido sobre todo por el alter ego que le proporcionó Bram Stoker. Al igual que en la Locura de Dios enfrenta el mundo racional, representado en este caso por la cultura árabe con el mundo fantástico, irracional, mitológico de los pueblos del Yucatán. Los conocimientos de Aguilera sobre este tema son increíbles, hasta el punto que en algún momento uno se puede quedar saturado de información. Así pues, la línea argumental se va complicando a medida que el autor se adentra en la mitología precolombina de los itzás o los mexicas, pero a la vez se abren cada vez más puertas especulativas que te exigen una atención cada vez mayor. Quizás hace falta remarcar que en algún momento tanta información en tan poco tiempo puede hacerte perder el hilo de la acción.

Sacrificios multitudinarios, cometas premonitorios, ritos chamánicos, teorías científicas que harían temblar a más de una religión, viajes astrals a lugares inconcebibles, choques culturales entre el viejo mundo racional y el nuevo mundo virgen, mágico… todo esto y más lo podemos encontrar en Rihla.

En definitiva, una aventura que recoge lo mejor de las aventuras exóticas de Salgari -que siempre ha sido un referente para mí- con la buena literatura especulativa, en clave de ciencia ficción o de fantasía que en este libro viene a ser prácticamente lo mismo.
11/05/2005 22:53 ;?> No hay comentarios. Comentar.

02/04/2005

La Estación de la calle Perdido

estacion calle perdido-p.JPGCatalogar libros que he leído siempre ha estado una de mis pequeñas aficiones. Me gusta identificar, clasificar y proponer géneros y subgéneros para las novelas ya consumidas. Ya veces me encuentro con obras casi inclasificables, llenas de imaginación y de originalidad que casi debería recibir el honor de crear un nuevo subgénero dentro la literatura fantástica. La Estación de la calle Perdido es sin duda una de ellas.

Esta novela derrama imaginación en cada página que lees, te traslada a un mundo completamente nuevo, del cual no has leído nunca nada, del cual no sabes nada, pero al mismo tiempo, un mundo que es muy próximo. Bas-Lag es el nombre de este mundo, y Nueva Crobuzón el nombre de la ciudad donde se suceden las aventuras descritas en la novela. Puede que el verdadero protagonista sea esta ciudad: Enorme, desmesurada, vivísima, decadente, podrida, cosmopolita y a la vez repulsiva, caótica y atrayente.

Cuando horas después de leerme la novela, intento recordar su argumento, me vienen a la cabeza imágenes evocadoras: La misma ciudad, completamente consumida, sus habitantes, tanto humanos como xenianos: mujeres con la cabeza ocupada por el cuerpo de un escarabajo (Khepris); los vodyanoi, capaces de trasformar momentáneamente el estado del agua; los garuad, hombres-pájaro con tendencias filosóficas, por no hablar de los "rehechos", esos habitantes condenados a ser mutilados y rehechos con partes de otros animales o especies como castigo… o a intensas batallas de monstruos, luchando a la vez en distintas dimensiones... uno de los cocktails más imaginativos que recuerdo.

Lejanamente, la novela me evoca recuerdos de aquellas historias de Robert Silverberg sobre el planeta Majipur donde la magia y la ciencia conviven. Aquí, en Nueva Crobuzón este hecho es incuestionable. Al igual que los átomos son la base para la física y por tanto para la ciencia, los taumaturgotes (partículas mágicas) lo son para la magia.

Nada se deja al azar, Miéville nos abre la puerta a un mundo ambientado en una era post-industrial, como un Londres o una Nueva York de finales del siglo XIX, con una tecnología punta basada en el vapor y con una taumatúrgia (magia) que se enseña en las universidades. Una ciudad donde curiosamente no encontramos electricidad, pero donde podemos contemplar robots funcionando con vapor o dirigibles navegando por el aire mediante gas.

El argumento en sí se basa por un lado en el deseo de un garuad (hombre-pájaro) a volar de nuevo i en la destrucción que provocan unas bestias que nunca deberían haber existido; todo ello mezclado con la especulación sobre el funcionamiento de un motor basado en la energía teórica de la crisis. Miéville mezcla estos tres elementos básicos y consigue una novela dinámica y adictiva, que después de las primeras 200 páginas (algo lentas) que sirven de presentación, te dejan si aliento mientras vas descubriendo a cada página que pasa nuevas maravillas descritas con el peculiar lenguaje barroco del autor.

Eso sí, La Estación de la calle Perdido te deja con ganas de conocer más sobre Bas-Lag. Por ahora solo conocemos una parte de esta vasta, imprescindible e imaginativa Nueva Crobuzón.
02/04/2005 16:56 ;?> Hay 1 comentario.

17/03/2005

La Cicatriz

cicatriz-p.jpgChina Miéville revolucionó el fandom con La Estación de la calle Perdido, una fábula gótica ambientada en un mundo al más estilo Steam-Punk: Un mundo con capacidad para desarrollarse con la tecnología de vapor, pero también con la magia, un mundo poblado por humanos pero también por cactus, khepri, vampiros, hombres-pájaro y décenas de otras razas fantásticas, un mundo con territorios por descubrir y con teorías para desarrollar…

Con La Cicatriz no se queda corto, más bien al contrario: nos abre las puertas del mundo de Bas-lag, nos presenta más maravillas y más enigmas y lo hace de forma increíble. Y esto demuestra que La Estación de la calle Perdido no fue un libro fruto de la casualidad, una de aquellas rarezas imprescindibles que no se vuelven a repetir. No, Miéville se ha consolidado como un gran escritor en esta tercera novela (la segunda ambientada a Bas-lag). Quizás uno de los mejores de esta hornada del nuevo milenio.

Cómo decía, en La Cicatriz se nos abren las puertas a una parte del mundo de Bas-lag y a todas sus fantasías. Parece que el talento de Miéville no tenga fin, a cada capítulo encuentra recursos para enumerarnos con increíble detalle más culturas, razas, costumbres, lugares y aventuras. Una isla pirata que se desplaza por los mares, una conspiración política que puede cambiar la historia, un animal desmesurado que proviene de otro universo, una ventana por dónde se escapan las posibilidades, unas razas viejas como el tiempo y otras de nuevas pero no menos interesantes, todo esto combinado da una obra llena de aventuras y de misterios. Una novela que mezcla la fantasía más desmesurada con la ciencia ficción más increíble: Viajes dimensionales, teoría de posibilidades (en este punto pensé inconscientemente con Cuarentena de Greg Egan). Una mezcla que te hace plantear más que nunca dónde acaba la fantasía y dónde empieza la ciencia ficción.

La Cicatriz está más bien estructurada que La Estación de la calle Perdido, más elaborada, quizás menos poética , con la prosa menos barroca, más directa… pero sin perder ninguno de sus valores literarios.

La lástima es que al igual que la primera novela, parece que Miéville no sepa redondear sus obras, las acaba, las finaliza pero siempre deja aquel tema medio abierto, aquella línea argumental medio cerrada… que almenos te da ganas de continuar leyendo sobre Bas-Lag.

En definitiva, ni mejor ni peor que La Estación de Calle Perdido por el hecho que la que leyamos primero es la que nos sorprenderá más, la primera por ser oscura, gótica, a menudo desagradable… y la segunda por ser más aventurera, más abierta, más fantástica… espero que Miéville saque rápidamente la tercera novela ambientada en Bas-lag… seré de los primeros en comprarla.
17/03/2005 19:04 ;?> No hay comentarios. Comentar.


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