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Luchas entre golems y elementales de la naturaleza, magia cuchicheada a la oreja de las víctimas, humanos rehechos con implantaciones biológicas o mecánicas como cástigo, razas alienígenas conviviendo en un planeta parcialmente inexplorado dónde las torsiones dimensionals asolan ciertas zonas y dónde existe una ciudad-estado que acapara la tecnología punta: El vapor. Una combinación alucinante que sólo se puede dar en un lugar: La serie de Bas-lag, creada por un joven y genial activista de izquierdas inglés, China Miéville.
Tengo que reconocer que el subgénero denominado Steampunk siempre me ha despertado mucho interés. Si encima, hallo ante mi una magnífica portada de Antoni Garcés (tengo debilidad por sus ilustraciones) el resultado es que compro la novela sin saber casi nada de lo que puedo encontrar dentro… grave error por mi parte porqué precisamente lo mejor de esta noevla es la portada de Garcés.
Juan Miguel Aguilera tiene la capacidad de soprendrerme a cada novela que leo de él. Cierto es que sólo me he leído dos, pero cada una ha representado todo un descubrimiento. Tuve el placer se escuchar a Juan Miguel Aguilera en las últimas jornadas literarias de Kosmopolis de Barcelona, justamente cuando debía acabar de sacar este libro al mercado (o si no estaba a punto de hacerlo), la lástima es que entonces aún no había leído nada de él, sólo visualizado su guión cinematográfico, Stranted; en el Festival de Cine Fantàstic de Sitges.
China Miéville revolucionó el fandom con La Estación de la calle Perdido, una fábula gótica ambientada en un mundo al más estilo Steam-Punk: Un mundo con capacidad para desarrollarse con la tecnología de vapor, pero también con la magia, un mundo poblado por humanos pero también por cactus, khepri, vampiros, hombres-pájaro y décenas de otras razas fantásticas, un mundo con territorios por descubrir y con teorías para desarrollar… Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/