La Princesa Prometida
William Goldman tiene un propósito concreto: Desmitificar los cuentos de hadas. Y para hacerlo explica una historia típica de los cuentos de hadas pero con humor. Este sentido del humor es la clave de la novela: Agudo, autoparódico, ingenioso pero sin llegar a ser chapucero. Muy al estilo de Ferry Pratchett y la saga Mundodisco (Aunque "La princesa prometida" es anterior.
Tal como reza la contraportada, es una historia de amores verdaderos, gigantes, monstruos, piratas, raptos, duelos y mucho más o sea Aventura en mayúsculas. Si a esto le añadimos una historia simpática y unos personajes muy entrañables, nos topamos con una pequeña joya dentro la fantasía medieval que a parte de autoparodiarse, te mantiene atento en todo momento.
Personajes como la princesa Buttercup (Literalmente ranúnculo), Iñigo (El espadachín español), Drezze (el gigante turco que le gusta componer rimas). El Hombre de negro, el conde, el Príncipe son personajes que son descritos con una sencillez brutal pero que en el fondo representan la parodia de todos aquellos miles de personajes que pueblan las novelas de espada y brujería, de amores prohibidos y aventuras imposibles. En el fondo un homenaje a la fantasía, a la aventura y a todos aquellos cuentos de tradición popular que tanto nos gustaron de pequeños.
Pero Goldman no tenía suficiente con eso y también añadió una segunda historia que hay que leer entre líneas. Su propia experiencia (fictícia hay que suponer) en la lectura del mismo libro y sus intentos frustados para que su hijo sienta lo mismo que sintió el al leerla por primera vez.
Resumiendo, una historia infantil explicada para adultos, un mundo fantástico ubicado en medio de una Europa incierta, unos personajes entrañables (Tanto los buenos como malos) exagerados hasta el límite y un savoir faire genial del autor, convierten esta breve novela en un referente de diversión y aventura, saludable pero viciosa ¡Hay que tener cuidado!
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