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¡Leiber! ¡Siempre Leiber! No puedo evitar que este buen hombre me caiga bien. No puedo evitar rendirme ante su prosa de la misma manera que necesito argumentos para defenderlo en otros aspectos de su obra.
Leiber es un gran escritor pero que no siempre es capaz de llegar al lector. Una persona capaz de crear una obra como Nuestra señora de las tinieblas y quedarse tan fresco tiene que ser un genio o un insentato. Porque esta novela es amena de leer pero compleja de asimilar.
Nos plantea un argumento oscuro, inquietante, con personajes bien construidos pero que parece que no encajen en una obra de fantasía. El libro se basa en las insinuaciones constantes, al inspirar un terror al desconocido sin mostrarlo abiertamente. En este sentido el autor hace un homenaje clarísimo a Lovecraft y a los autores de terror que trabajan más la insinuación que la descripión de el Horror físico, que se mueven entre la poesía del miedo y las sensaciones que nos aporta nuestra propia imaginación. Leiber es un erudito. A las continúas referencias literarias a Lovecraft o Poe, se le tienen que sumar sus conocimientos de los clásicos, de historia etc y eso nos da una obra culta, refinada, pero con una argumentación poco trabajada.
El argumento es sencillo pero sus repercusions complejas: Tenemos nuestro protagonista Franz que observa con unos prismáticos una figura extraña bailando en una de las colinas de San Francisco. La figura lo atrae lo suficiente como para ir a investigar sobre ella. A partir de aquí y en sólo un par de días, Franz se ve inmerso en una vorágine de insinuaciones fantásticas que lo llevan a estudiar libros perdidos y secretos, mitología popular y a descubrir la ciencia oculta de la megapolisomancia, que establece que las entidades paranormales existen en las grandes ciudades. El hecho de ligar estas ciencias ocultas con personajes escritores como Lovecraft, Smith o Jack London da un aire más morboso a la imaginación del autor.
Leiber realiza un homenaje a lo oculto, a todo aquello cotidiano que tenemos a nuestro alrededor pero que no hacemos caso, a los rincones oscuros de los edificios, al mar de tejados de las ciudades, a la esencia misma de éstas. Todo eso a través de una prosa que combina los hechos cotidianos de los protagonistas con el terror sutil. Muchas partes del libro (sobre todo hacia el final) provocan un efecto hipnótico en el lector. Aquel miedo insinuado con pocas palabras, su manera de hacernos partícipes de las sensaciones del protagonista, demuestran una vez más que Leiber es uno de los grandes; sin embargo vuelve a evidenciar que no sabe llegar al lector de forma sencilla, ya que la obra es una fantasía adulta donde no todos estamos invitados. Soy el primero al reconocer que sus argumentos podrían ser más redondos porque la historia es simple pero Leiber la hace compleja de manera que acabamos por preguntarnos si hemos entendido bien lo que el autor nos propone.
En definitiva, un libro que por su calidad literaria no puedes dejar de leer pero donde el autor no es capaz de alcanzar la complicidad que el lector busca. Sin embargo, sólo para disfrutar de la prosa del autor en las páginas donde se insinúa el miedo, ya vale la pena.

Podríamos decir que a Francisco Javier Illán Vivas le gusta el riesgo. Ha tenido el valor de lanzarse a una piscina oscura sin saber si encontrará agua, barro o nada. Si se sumerge en el agua, Illán podrá ponerse a nadar tranquilamente mientras siente como lo refresca el líquido vital; si topa con el barro, sus brazadas serán dificultosas y sólo saldrá de la piscina con mucha fuerza de voluntad y si finalmente no encuentra nada, un espacio vacío, el golpe puede ser demoledor.
Una de las primeras percepciones que se tienen al leer a Zoran Zivkovic es que es un amante de los libros, de la literatura. Muchos de los cuentos de esta antología tienen a los libros como protagonistas o como medio para desarrollar una historia. También su visión mística de estados supremos tras la muerte, visiones irónicas y divertidas del infierno o encuentros casuales con Diós son denominador común en muchas de sus Historias imposibles. 
El problema de algunas obras clásicas es que las has visto tantas veces en adaptaciones cinematográficas o en otro medios que pierdes el interés en el origen, en la raíz. En este caso, la novela que Mary W. Shelley escribió hace casi doscientos años es un claro ejemplo.
Dicen que todo empezó en una noche de tormenta en una cabaña alpina, en Suiza, donde un grupo de amigos se resguardaban del frío y la lluvia. Este grupo de personas no eran unos cualquiera: había por ejemplo Lord Byron, su amigo Percy Shelley y la esposa de este, Mary W. Shelley. Alguien propuso que cada uno podría crear una historia de fantasmas por pasar el rato, a ver quien la hacía más terrorífica. Parece que la apuesta no prosperó una vez el buen tiempo volvió pero la señora Shelley se lo cogió al pie de la letra y escribió una novela titulada Frankenstesin o el moderno Prometeo.
Un clásico, sin duda, y más si nos miramos la fecha de publicación orginal: 1818. Qué se debe decir de un clásico? Cómo un texto, una novela se puede convertir en un clásico? Por sus características literarias? Por aclamación popular? Con la ayuda de otros medios, cono el cine? (la caracterización que le hizo la Universal lo acompañó siempre, mirad sino la portada) Por su antigüedad? Son preguntas retóricas, ya lo se. La respuesta no es fácil. Además, Shelley quiso escribir una novela de terror y podríamos afirmar que le salió una de las primeras novelas de ciencia ficción de la historia.
Que Mary W. Shelley fuera una mujer tiene una vital importancia: No era muy bien visto a la época que una mujer respetable escribiera historias que atentaban contra la moral del pueblo y contra la misma iglesia cristiana. El libro fue publicado al 1818 pero ella misma realizó una revisión el 1831, más matizada para dejar su nombre en más buena consideración. La edición que he leído yo es la de 1818 -por suerte-.
En todo caso, hoy en día, Frankenstein es un mito. Sea como sea, a través del medio que sea, quien más quien menos conoce el monstruo de... ¿Frankenstein? Uno de los hechos más curiosos de este mito es que la mayor parte de la gente confunde el nombre del doctor, del creador, con el monstruo. Porque Frankenstein es el apellido del Prometeo que da lugar al título de la obra de Shelley, del científico que abandonando sus creencias religioses y éticas se deja guiar por la ciencia por crear vida de la muerte, por jugar a ser Dios. Este, quizás es el tema principal de la novela: La capacidad del hombre para hacer el papel de creador, de Dios, tal como lo hizo Prometeo en la mitología griega otorgando al hombre el fuego, la vida... y siendo castigado por los Dioses por su osadía.
Shelley imita a Prometeo a su manera, Frankenstein crea un monstruo y lo hace por la vía de métodos científicos (que la buena de Shelley no se atreve ni a explicar). Pero este punto, creo que es primordial porqué en mayor o menor medida especula sobre como la ciencia puede lograr nuevos hitos y por lo tanto realizando literatura de ciencia ficción, aun cuando lo más seguro es que la autora sólo pretendiera asustar un poco a sus lectores. La cuestión es que el creador abandona el monstruo a su suerte y este aprende a espabilarse por su cuenta y a tener conciencia de si mismo.
La autora tiene una prosa fluida pero se abandona demasiado en una historia de virtudes y gestos muy honorables (me atrevo a decir que influenciada por los poetas románticos de su entorno, su mismo marido por ejemplo). Así, la historia avanza como una tragedia griega, con continuos arrepentimientos, quejas ante del destino y otras formas literarias que retardan la narración, por otra parte más que buena. La autora tiene una idea original pero la explota de forma desigual, intercalando pasajes que no aportan casi nada a la obra (el viaje del protagonista a Escocia, por ejemplo) con otros de magníficos (las conversaciones entre Frankenstein y su creación). Pero los dilemas éticos y morales y las depresiones mentales de nuestro científico pueden resultar repetitivas. Debemos tener claro, pero, la época en que fue escrita y el estilo de entonces. Otra cosa que me ha llamado la atención es la poca descripción física que se hace del monstruo... puesto que básicamente es "robusto", "ágil" y "muy feo". Creo que aquí, Shelley pecó de conservadora y no se quiso mojar demasiado en describirnos sus malformaciones. En cambio, la visualiación de los paisajes de Suiza, Francia o Escocia es muy detallada. Otro de los contrastes curiosos.
Pero dejando a un lado estas diferencias y la prosa virtuosa de la novelista -sólo hace falta ver como habla el monstruo-, Shelley pasará a la historia como una mujer que quiso escribir una historia de terror sobrenatural y le salió una novela que atenta contra muchos de los valores de la época pero que todavía hoy -y aquí está su grandeza- nos hace pensar a todos sobre la vida y la muerte, sobre la gentileza y la ira, sobre el poder de crear de la nada y dar forma a aquello que es inerte... seguramente un preludio de las novelas sobre inteligencia artificial.
Así pues qué es Frankenstein? Pues, una idea, un drama metafísico, un referente filosófico sobre la vida, una oportunidad de meditar sobre la ciencia y la ética, una novela amable de Terror, la primera novela de Ciencia ficción...un clásico.

Es curioso como la memoria juega contigo. Uno de aquellos flashes que te vienen a veces a la cabeza, una de aquellas sensaciones que corren por tu mente muy de tanto en tanto y que no sabes muy bien de dónde salen, una imagen concreta y bien definida pero que cuesta de situar en el tiempo… todo esto y más es lo que me evoca El León, la bruja y el armario. Pero no estoy hablando de la novela de C.S. Lewis que intentaré reseñar en estas líneas si no de la pelicula, y no de la última, estrenada hace pocas semanas en las pantallas de medio mundo (la cual vale la pena ver también, ni que sea para poder contemplar un castor vestido con cota de mallas), si no de la primera versión de esta, en dibujos animados, de mediados de los años 80 (creo). Aquella por película, junto con la lectura de El Hobbit algo más tarde, fue uno de mis primeros encuentros con la fantasía… y siempre más me ha acompañado sin saberlo, sólo despertando en mi memoria en alguna conversación melancólica con viejos amigos.
Soy un melancólico nato, miro a menudo al pasado y poco al futuro y cuando vi el trailer cinematográfico del León, la bruja y el armario bajo el nombre de Crónicas de Nàrnia pensé simplemente: "Parece espectacular", pero cuando leí el subtítulo: "El León, la bruja y el armario" todas estas sensaciones y melancolías varias despertaron de golpe como por arte de magia. Con todo esto quiero remarcar que estas palabras despiertan todavía ahora en mí algo semejante a una escalofrío y una emoción porque recuerdo que la película me gustó mucho, aun cuando pasaban cosas terribles.
Los tiempos han cambiado y ahora por fin me he leído el libro. Este fue el primero que escribió Lewis dedicado a las crónicas de Narnia, aun cuando cronológicamente está situado tras El sobrino del mago. Las aventuras esta vez rodean a cuatro hermanos que han debido marcharse a vivir al campo inglés para huir de la Segunda Guerra Mundial. Allí encontrarán una puerta mágica que los trasladará al mágico mundo de Narnia donde parece que ya los esperen para ayudar a combatir la terrible bruja blanca. Por el camino conocerán todo tipo de animales que los irán ayudando en sus tareas, pero también habrán de convivir con la traición y con el sacrificio de estos (para mí el mejor momento del libro y también de las películas… ahora ya se porqué me venía aquel ligero escalofrío cuando pensaba en la versión de dibujos animados).
Lewis resalta los valores que cree deberian tener los niños (al menos entonces): Amistad, sacrificio, ayuda, valor… pero lo hace de una manera poco sutil, muy dirigida a parecer una doctrina aleccionadora, por cierto de cariz bastante machista. El autor plantea la novela con un estilo todavía más conservador que en El sobrino del mago. Tampoco me ha gustado la aparición estelar y algo absurda de Papa Noel que sinceramente creo que el autor se la podía haber ahorrado. Obviamente pero, el talento y la imaginación por describirnos las aventuras en Narnia se palpan en las páginas del libro, pero este marcado tono infantil me inquieta. Pero se claro, la novela va más dirigida al Eloi de hace 25 años que al actual.
En fin, con El León, la bruja y el armario, continuaremos disfrutando (sobre todo los más pequeños) de una buena combinación de aventura y fantasía. Perfectamente legible en una tarde de aburrimiento ni que sea para despertar los viejos recuerdos que tenemos escondidos en la cabeza y para recordarnos lo que nos asustaba o emocionaba cuando eramos (un poco) más jóvenes.

Cuando Gigamesh anunció que rescataba por su colección esta novela me alegré mucho puesto que para mucha gente (el mismo Alejo por ejemplo) es considerada la mejor obra de Powers. Pensé en comprarla al momento pero todavía tenía el regusto agridulce de su última obra: Declara. Sus buenas ideas diluidas en una ambientación precisa pero que lastraba la novela, su carencia de ritmo pese a su originalidad… de forma que esperé algo y he acabado leyéndola un año después de su publicación.
¿El resultado? Sorprendente. Powers parte de una idea sencilla por ir tejiendo un argumento muy complejo alrededor de personajes históricos y ficticios de forma embriagadora. Este no es un adjetivo gratuito pues no podemos degustar la obra con calma,como un buen vino, debemos bebérnosla con continuidad y concentración para saborear todos los diferentes sabores, los diversos hilos argumentales que plantea el autor y si lo conseguimos (reconozco haber repasado algunas páginas más de una vez) habremos llegado a leer quizás uno de los mejor libros de fantasía histórica que se hayan publicado nunca, tanto por su rigor cronológico, por su ritmo trepidante, como por sus abundantes ideas innovadoras. Pero acabaremos algo bebidos.
Powers consigue hacer parecer real una historia fantástica ambientada a comienzos del siglo XIX, en un momento de máxima exaltación del romanticismo, a través de hechos y personajes históricos que intervienen profundamente en la obra. El autor nos introduce en el mundo de los poetas románticos, concretamente en parte de la vida de Byron, Shelley y de Keats (este último también muy homenajeado en un ya clásico de la ciencia ficción como es Hyperion). La relación que tenían estos poetas ingleses con sus musas es la clave de la historia: Las musas no eran más que vampiros, seres pertenecientes a un otra raza que alimentaban el intelecto y la inspiración de las personas a las que estaban vinculados pero de las cuales también cobraban un precio elevado. A las aventuras de estos poetas hace falta sumar las desventuras de Michael Crawford, el principal personaje (ficticio) de la novela, el cual se introducirá en este otro mundo esotérico y fantástico con una invitación involuntaria sin aparente importancia, para acabar formando parte de hechos políticos importantes propios de la época.
Esta es otra clave de la obra de Powers, empezar la historia con hechos sencillos para ir complicándolos a medida que avanza el libro. El argumento, como decía antes, es complejo y el autor se recrea mareando al lector, pero si tenemos paciencia iremos descubriendo los pequeños secretos que nos esconde el texto y el autor nos irá desvelando los porqués en los momentos oportunos. Otra característica de las novelas de Powers es que sus héroes las pasan canutas para cumplir sus propósitos. Este hecho es un paradigma en la Fuerza de su mirada, ¡Dios! ¡Nunca había visto a un personaje de novela sufrir tanto y de forma tan salvaje! Powers se encarniza de una manera tan desmesurada con el físico y con la mente de Crawford que a la fuerza arranca la complicidad del lector… ¡si se que tú mismo lo ayudarías si pudieras!. Es increíble, me encanta la manera que tiene el autor de mutilar, herir, perseguir y destrozar sus héroes (me recuerda a mis pobres jugadores cuando juego a rol). Creo que es una manera de demostrar que las cosas no son siempre fáciles, que para ganar hace falta pagar un precio y que el sufrimiento de los personajes nos hace parecer más real lo que leemos.
Al igual que en otras novelas suyas como Las Puertas de Anubis y En costas extrañas, Powers utiliza la magia por facilitar sus argumentos pero lo hace siguiendo toda una serie de reglas precisas, todo un listado de lo que pueden hacer los personajes y de lo que está prohibido y en qué circunstancias. Este es un detalle que valoro particularmente pues proporciona al lector un lugar a qué cogerse entre tanta magia y seres fantásticos, da forma a un universo propio dónde la magia existe pero de forma controlada y definida.
Añadir también que la obra sigue una coherencia extrema y que el ritmo es constante. Que los personajes estén, además, muy bien definidos y que su temperamento y personalidad se vea arrastrada por los estados en que se encuentran cuando existe el vínculo con los vampiros es un valor añadido a la novela. La meticulosidad con que Powers se documenta para sus obras es extrema y estoy convencido de que antes de escribir el libro absorbió las biografías de los poetas ingleses que aparecen. El único "pero" que le encuentro es que el autor podría haber dejado más claro el argumento en algunos momentos de la obra, el mareo constante de situaciones provoca que de vez en cuando te pierdas en la historia.
En definitiva una obra mayor de Powers, seguramente capital en su carrera como escritor, la segunda con más buenas críticas tras Las Puertas de Anubis, quizás esta es más original pero también resulta más embriagadora que la primera, más inesperada en muchos aspectos. Pero conseguir esta mezcla de fantasía, terror, erotismo y sobre todo buena literatura en medio de una aventura que transcurre entre Inglaterra, Suiza e Italia, o sea en lugares conocidos y físicos como Berna, Roma o Venecia es dificil, muy dificil, quizás el mismo Powers disfruta del favor de ciertas musas…

Había una vez un club de escritores, un pequeño círculo de intelectuales ingleses que se reunían para debatir ideas y para leerse lecturas propias. Algunas de estas lecturas irían encaminadas a revolucionar la fantasía del siglo XX y probablemente a asentar las bases para una nueva fantasía contemporánea, un género relativamente poco explotado hasta entonces; aunque ellos no lo sabían y seguramente ni siquiera lo sospechaban. Uno de estos amigos emperrados en escribir sobre nuevos mundos, sobre seres fantásticos y en definitiva sobre cuestiones "poco serias" era un tal Tolkien, y otro era C.S. Lewis, autor de Las Crónicas de Narnia.
Que Tolkien y Lewis eran amigos y compañeros es un hecho relevante pues los dos escribieron obras de fantasía que probablemente pasarán a la historia y los dos se influyeron mutuamente en sus escritos. El primero, ni que decir tiene, por su magna obra: El Señor de los anillos, pero también por su primera novela, más enfocada a un público juvenil como fue El Hobbit. Lewis en cambio se dedicó más intensamente a este segundo sector de público y creó una larga saga de siete volúmenes, las mencionadas Crónicas de Narnia, de la cual El sobrino del mago es la primera parte. Hace falta decir que este es el primer libro cronológicamente hablando pero no el primero al ser publicado puesto que la primera novela escrita de Las Crónicas de Narnia fue El León, la bruja y el armario.
El autor quizás no es muy conocido por estas latitudes, aun cuando las Crónicas ya habían sido publicadas anteriormente tanto en catalán como en castellano, pero en el Reino Unido ha estado durante muchos años un referente de novela juvenil. Tengamos en cuenta también que la tradición fantástica juvenil del Reino Unido es mucho más importante que la nuestra y que obras como Alicia en el país de las maravillas o Peter Pan han sido siempre éxitos de ventas y de crítica. Las Crónicas de Narnia no han sido una excepción.
Lewis diseñó una saga para ser explicada en varios volúmenes pero más adelante escribió más libros y los colocó en medio de los precedentes para dar una mayor coherencia a su obra. Es el caso del sobrino del mago, escrita cinco años tras el primer libro de las crónicas y que nos explica la creación del mundo de Narnia. De como unos niños que jugaban en unas buhardillas son enviados a explorar otros mundos y sin quererlo liberan a la bruja Jadis (que tomaría un gran protagonismo en El León, la Bruja y el armario), y de como el león Aslan con su cántico hace nacer el mundo de Narnia de la nada. Esta metáfora divina del canto que origina la vida también fue usada por Tolkien a la hora de crear la Tierra Media a través de la canción de los Ainur. Y de igual forma, tal y como se forma el bien, también se introduce el mal (en este caso encarnado por la bruja Jadis) y por lo tanto la épica de la lucha del uno en contra del otro. ¿Simple coincidencia? No, creo que aquí se demuestra una vez más la mutua influencia de estos dos autores. Seguramente su pasión por la mitología nórdica (aun cuando Lewis utiliza una buena parte del bestiario mitológico griego), sus ganas de inventar, de materializar y de dar forma a ideas nuevas alimentó la creatividad de los dos autores por caminos parecidos. Los dos además eran firmes defensores de la fe católica (aun cuando Lewis la había perdido y posteriormente recuperada a través de Tolkien) y de los valores ingleses; y esto se demuestra muy claramente en las aventuras aleccionadoras de los personajes infantiles de Lewis.
El sobrino del mago es una magnífica aventura infantil (ideal por todas las edades pero recomendada sobre todo para las primeras lecturas largas de nuestros chicos, más jóvenes incluso que los fans de Harry Potter), un libro lleno de sospresas, humor y fantasía. Las moralejas son sutiles y la diversión está aseguarada (recuerdo con una sonrisa de complicidad algunos pasajes del libro dónde los animales salvajes debaten si el tío Andrew es un animal, un vegetal o un mineral). Lewis tiene la capacidad de engancharnos a la novela con un ritmo trepidante y con una creatividad fuera de duda.
Una vez se acaba este primero volumen, el escenario está servido para que entre en acción El León, la bruja y el armario. La aventura comienza...
Quizás habría que realizar un último inciso, en este caso dirigido a la editorial: Las portadas de esta edición son impactantes, magnífcas y para variar la misma editorial ha sacado los libros tanto en catalán como en castellano, lástima que la igualdad se haya quedado aquí ya que el formato no es el mismo en los dos casos: En catalán, tapa blanda, en castellano, tapa dura. Eso sí, el precio prácticamente idéntico. ¿Llegará el dia en que las diversas lenguas del estado serán tratadas por igual?

Borges. Un nombre íntimamente atado a la fantasía latinoamericana, un nombre que evoca irremediablemente a Argentina. Este nombre lo habíaoído, leído y escuchado en varios medios, conversaciones y lecturas. Como tanto otros escritores ilustres del pasado siglo XX, Borges todavía se me resistía a llegarme a las manos.
Dicen que leer a Borges es difícil, que tiene una prosa compleja, que transmite ideas densas pero que es un magnífico escritor. Podría decir que estos trazos básicos y simples que acabo de mencionar se aplican a la antología de cuentos que componen El Aleph. Borges es un erudito que escribe, un hombre que construye la literatura porque si bien algunos de sus cuentos tienen estas facetas más densas de qué hablábamos, lo que no se le puede reprochar al escritor es que nos sumerge en la buena literatura. Cuando empezamos a leer uno de sus cuentos no levantamos los ojos del texto hasta que ha acabado. Quizás el relato nos habrá gustado más o menos, quizás lo encontraremos original o poco imaginativo pero sin duda habremos realizado un ejercicio intelectual y tendremos una agradable sensación de bienestar por haber absorbido literatura pura.
El Aleph es, según el mismo autor, una antología de cuentos fantásticos, exceptuando algunos (aun cuando en una ampliación de la antología que se hizo años más tarde también se añadieron otras que en mi entender tampoco entraban en la categoría de fantástico). Esto pero, cuando menos es discutible. Se dice que Borges es uno de los máximos representantes del Realismo Mágico, un género de la fantasía que combina la cotidianidad con la fantasía, muy cerca del que hoy conoceríamos como mainstream o corriente general dónde las fronteras del fantástico y de la realidad a veces son tan tenues, tan vaporosas que sólo la interpretación de cada uno puede decir realmente si nos encontramos con un cuento de fantasía o de narrativa general. Curiosamente, la mayor parte de los cuentos que me han gustado más de la antología son precisamente los fantásticos.
Borges utiliza sus conocimientos literarios, históricos y culturales en sus relatos, nos habla de mitos clásicos con frecuencia (El inmortal, la casa de Asterión), nos muestra aspectos filosóficos y religiosos en otros relato (Los teólogos, La otra muerte, La escritura del dios), siempre ofreciendo una visión personal que pueda ilustrar el y en definitiva ofrece muchísimas referencias bibliográficas a otros autores, a pensadores o a corrientes filosóficas. Parece que deba mostrar su erudición en cada obra. Este aspecto puede resultar embriagador: De una parte tendremos cuentos con un transfondo muy interesante pero de otra los encontraremos más pesados y densos, pero nunca faltos de ritmo y de buena prosa. Borges experimenta con los antónimos, con los pensamientos contrarios: los moldea y les da forma y más de una vez acaba insinuando que estos vienen a ser lo mismo. También plantea el individuo como un todo, jugando a este juego de los extremos o antónimos que acontecen en una sola cosa. El mismo cuento de El Aleph (posiblemente el mejor del libro) nos ofrece esta premisa: Un lugar desde dónde es posible ver todos los puntos del universo en el mismo momento, otra vez la controversia entre el singular y el todo.
Otros cuentos que me han llamado especialmente la atención son La casa de Asterión, El Zahir, La escritura de dios (posiblemente uno de los más complejos y mejores de la antología) y Deustches Requiem, que bordea ya aquella frontera invisible entre el fantástico y la realidad.
Sin desmerecer los otros cuentos, debo decir que El inmortal también tiene una buena dosis de filosofía y fantasía y que La otra muerte también es un buen ejemplo de los trazos borgianos que comentaba anteriormente. El resto los considero relatos cotidianos con quizás algún pincelada fantástica o incluso sin ni una. De este segundo grupo no fantástico destacaría sobre todo Historia del guerrero y de la cautiva.
Una batalla que acaba cuando empieza el libro. Un Señor derrocado y una guerra a la vista. Una trama fantástico-medieval que llevará a nuestro héroe por un camino iniciático a través de un territorio inospito para tratar de vengar la muerte de los suyos y devolver a su príncipe el poder que le corresponde. Con estos elementos iniciales parece que tengamos una aventura más que sigue la estela de buena parte de las novelas de fantasía medieval si exceptuamos la total falta de elementos fantásticos como no sea su ubicación imaginaria.
No he podido evitarlo.
"Una novela de Sherlock Holmes". Este es el subtítulo que define la novela que tenemos entre las manos. Así de simple? Óbviamente no. Detrás de esta sencilla frase se esconden muchas cosas más.
Hay un viejo chiste del maestro Eugenio que dice: "-Me encanta jugar al pocker y perder"; y el otro pregunta: "-¿Y ganar?"; Y responde con voz cortada y mirara perdida: "-¿Ganar? Ganar debe ser la ostia…". Para hacer un simil yo diría: "-Me encanta leer la saga de Canción de Hielo y Fuego por partes, de año en año"; "¿Y seguida?" me preguntaría alguien; "-¿Seguida? ¿Toda junta? Eso debe ser increible…"
Ésta es una de las reseñas más difíciles que he hecho nunca. Los motivos son varios pero el principal problema que me encuentro para hacerla es mi propia objetividad. No es la primera novela juvenil que leo, últimamente me he tragado parte de la saga de Harry Potter y años antes disfruté como un cosaco leyendo Momo o La Historia Interminable. Pero claro, Harry Potter es lo que es y antes era antes.
Es curioso lo que puede pasar a veces en esto de colleccionar libros y buscar novelas descatalogadas. Un día entré a una papelería del barrio gótico de Vilafranca a comprar el periódico y me encontré descubriendo toda una serie de libros descatalogados de la editorial Martínez Roca. Había pasado por delante de aquella papelería mil veces y nunca había entrado a comprar nada. El volumen que más me llamó la atención fue precisamente Brujas de Viaje, posiblemente porque entonces (ahora hace ya un año y medio) estaba descatalogadísimo y muy buscado en nuestro mundillo. Y en la librería Gigamesh pedían 90€… total que me lo compré Ipso facto por si acaso…
Seguramente el más inteligente de los libros de la serie Mundodisco (Al menos hasta ahora). En Dioses Menores, los pies de página, con las clásicas reflexiones de Pratchett se han reducido a un número casi ridículo y en cambio el autor se ha decantado hacia un humor más inteligente. El Terry Pratchett más inspirado se lanza a la recreación y parodia de grandes pilares de nuestro tiempo: La religión, la filosofía y en menor grado, la tecnología
Choque de reyes es la segunda parte de la serie "Canción de Hielo y Fuego". Así dicho parece ser un libro más, una continuación más de una serie de fantasía con más o menos aciertos; pero no es así: este libro se ha convertido en uno de los más esperados y deseados de los últimos tiempos gracias a que su predecesor en la serie, Juego de Tronos llegó a ser un nuevo referente en la literatura fantástica actual.
Definitivamente, parece que Bibliópolis se ha erigido como la editorial que más arriesga actualmente trayéndonos autores del género fantástico desconocidos de tradición no anglosajona. A los casos más recientes de Sapkowski y Eschbach ahora hay que añadir a la lista un nombre nuevo: El del ruso Kiril Yeskov. Este autor ha escrito El Último Anillo. Un libro del cual hay mucha cosa a decir, mucha.
Mi experiencia con autores de ciencia ficción y fantasía de origen catalán o español es escasa; tan sólo me he aventurado con nombres como Manuel de Pedrolo, Rafael Marín o Jaume Fuster. La mencionada experiencia ha sido desigual en ellos pero con este libro me he acabado de convencer que desconozco mucho aún de lo que se hace cerca de casa: La Locura de Dios es una magnífico ejemplo de lo que no nos tendríamos que perder. Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/